Mientras los titulares nos empujan a mirar la tensión geopolítica, la guerra de Irán, el petróleo o los mensajes de Trump sobre bloqueos comerciales, existe otro problema mucho más silencioso que está empezando a crujir dentro del sistema financiero global: la deuda privada. Un mercado gigantesco, poco transparente y con riesgos de liquidez que muchos inversores todavía no terminan de comprender.
Resumen del vídeo
Aitor Ortigosa plantea una reflexión muy interesante y, sobre todo, muy necesaria: el verdadero problema del mercado no está necesariamente en la guerra ni en el ruido geopolítico, sino en el crédito privado, también conocido como private credit o deuda privada.
Durante años, con los tipos de interés prácticamente al 0%, empresas, fondos e inversores se acostumbraron a vivir con dinero extremadamente barato. Financiarse era fácil, refinanciar era aún más fácil, y cualquier proyecto parecía viable si había acceso a deuda barata. Esto provocó que muchos grandes fondos comenzaran a prestar directamente a empresas fuera del sistema bancario tradicional, especialmente a compañías tecnológicas, empresas con mucho crecimiento pero poca caja y operaciones altamente apalancadas.
El problema llega cuando cambia el contexto. Los tipos suben, refinanciar deja de ser sencillo y muchas empresas descubren que devolver deuda ya no es tan cómodo como parecía. Al mismo tiempo, los inversores que habían metido dinero en esos fondos quieren recuperar su capital y se encuentran con una sorpresa desagradable: no pueden salir tan fácilmente porque la liquidez no existe cuando todos corren hacia la puerta al mismo tiempo.
Aquí aparece una de las ideas más potentes del vídeo: la famosa pirámide de la inversión. Aitor explica que toda inversión debe analizarse desde tres pilares fundamentales: rentabilidad, riesgo y liquidez. Y la gran trampa del mercado financiero suele aparecer cuando alguien promete demasiada rentabilidad sin que aparentemente exista ni riesgo ni sacrificio.
Ahí suele esconderse el verdadero problema.
Contexto y hechos verificados
El mercado de private credit ya mueve billones de dólares
El mercado global de deuda privada ha crecido de forma espectacular durante la última década. Según informes del Fondo Monetario Internacional y análisis recientes de medios financieros internacionales, este sector ya supera los 2 billones de dólares y se ha convertido en una de las principales fuentes de financiación para empresas fuera de la banca tradicional.
Firmas como Blackstone, Apollo Global Management, Ares Management o Blue Owl Capital dominan gran parte de este ecosistema financiero. Estas gestoras han construido auténticos imperios alrededor del préstamo privado, ofreciendo rentabilidades superiores a la renta fija tradicional y atrayendo a inversores institucionales de todo el mundo.
El problema no está en su existencia, sino en su velocidad de crecimiento y en la falta de transparencia con la que muchas veces operan estos vehículos.
Jamie Dimon vuelve a lanzar la advertencia
Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, ha vuelto a advertir durante 2026 sobre los riesgos del private credit. No es la primera vez que lo hace, y precisamente por eso su mensaje tiene tanto peso.
Dimon señala principalmente tres riesgos: deterioro en la calidad crediticia, exceso de optimismo en la valoración de activos y estructuras de financiación demasiado flexibles que pueden convertirse en un problema serio cuando las condiciones del mercado cambian.
Traducido al lenguaje de la calle: durante años se prestó demasiado dinero a demasiada gente bajo la idea de que todo seguiría funcionando igual para siempre. Y la historia financiera ya nos ha enseñado muchas veces que eso nunca termina bien.
Cuando alguien que lleva décadas viendo incendios financieros empieza a oler humo otra vez, conviene prestar atención.
La iliquidez es la verdadera bomba silenciosa
Uno de los grandes peligros de este mercado no es solo la deuda, sino la falta de liquidez. Muchos inversores entraron en fondos de deuda privada atraídos por rentabilidades del 4%, 5% o incluso más, pensando que era una especie de renta fija mejorada.
Pero no era tan sencillo.
Cuando un inversor quiere salir de una acción cotizada, vende y listo. Cuando quiere salir de un fondo de private credit, depende de ventanas de liquidez, condiciones contractuales y, muchas veces, de que otro quiera comprar su posición.
Eso genera un problema enorme cuando el miedo aparece. Si muchos quieren salir a la vez, el dinero simplemente no está disponible.
Es como descubrir que tu inversión no era una cuenta de ahorro, sino una puerta cerrada con llave.
Opinión de Aitor
Esto se parece muchísimo a comprar una guitarra vintage “demasiado barata”.
Imagínate que encuentras una Gibson Les Paul Custom del 79 a mitad de precio. Todo parece perfecto. El vendedor parece amable, las fotos son espectaculares, el acabado luce increíble y además te dice que “es una oportunidad irrepetible”.
Pero cuando empiezas a mirar de verdad, descubres que el mástil fue reparado varias veces, que el alma está forzada, que las pastillas no son originales y que casualmente no aparece ninguna documentación seria que respalde la historia.
Con las inversiones pasa exactamente igual.
Durante años, la deuda privada parecía la solución perfecta. Más rentabilidad que los bonos, menos sustos que la bolsa y una sensación de tranquilidad muy atractiva para quien quería “dinero tranquilo”. Demasiado bonito para ser verdad.
Cuando los tipos estaban cerca de cero, financiar cualquier proyecto parecía lógico. Empresas tecnológicas sin caja, adquisiciones apalancadas, operaciones gigantescas y negocios que sobrevivían simplemente porque refinanciar era barato y constante.
Pero cuando sube el precio del dinero, desaparece la magia.
Refinanciar ya no es automático. El coste financiero se dispara. Los márgenes se estrechan. Y muchas compañías que parecían sólidas empiezan a enseñar grietas.
Aquí Aitor acierta completamente: la mayoría de inversores no entienden realmente dónde están poniendo su dinero. Ven una rentabilidad superior a la media y piensan que han descubierto un atajo secreto.
Pero en inversión no existen los atajos.
Existe el riesgo, aunque no lo veas.
Y por eso su idea de la pirámide es tan importante: rentabilidad, riesgo y liquidez. No puedes tener las tres al máximo al mismo tiempo. Si alguien te promete eso, probablemente no te está vendiendo una inversión… te está vendiendo una historia.
Y normalmente, esas historias acaban mal.
Contraargumentos y matices
También hay que reconocer algo importante: Aitor no plantea un escenario apocalíptico estilo 2008. Su visión no es alarmista, sino prudente.
Él mismo explica que no cree que esto vaya a provocar una crisis sistémica inmediata ni una caída en cadena comparable a la crisis subprime. El tamaño del problema, aunque relevante, no sería suficiente por sí solo para derribar todo el sistema financiero global.
Además, no toda la deuda privada es tóxica. Muchos fondos están bien gestionados, muchas operaciones tienen sentido económico y este mercado cumple una función real: financiar empresas que los bancos tradicionales ya no quieren tocar.
Eso no es necesariamente malo.
El problema aparece cuando el crecimiento supera la disciplina. Cuando la búsqueda de rentabilidad se vuelve más importante que la calidad del activo. Cuando se empieza a vender tranquilidad donde en realidad hay complejidad.
Ahí empiezan los accidentes.
Conclusión
Los mercados rara vez explotan por lo que sale en portada.
Normalmente caen por aquello que nadie quiso mirar mientras todo parecía funcionar.
Hoy todo el mundo observa la guerra, Irán, el petróleo, Trump y la geopolítica. Es lógico, porque eso genera titulares, miedo inmediato y sensación de urgencia.
Pero quizá la verdadera pregunta debería ser otra.
¿Qué pasa si empieza a romperse el crédito privado?
¿Qué pasa si los fondos dejan de devolver dinero? ¿Qué pasa si las empresas no pueden refinanciar? ¿Qué pasa si el mercado descubre que la liquidez prometida no era real?
Porque cuando el dinero deja de circular, la geopolítica pasa a segundo plano.
Lo que importa entonces es quién puede pagar… y quién no.
Y ahí se decide todo.
Puedes ver el vídeo completo en YouTube para descubrir más detalles y entender por qué la deuda privada puede ser una de las amenazas silenciosas más importantes de este nuevo ciclo económico.
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