Aitor Ortigosa lanza una advertencia clara: mientras todos miran la geopolítica, hay una revolución silenciosa que puede estar afectando directamente a tu cartera.
La inteligencia artificial no solo está creando empresas… está destruyendo las barreras de entrada del software tradicional. Y eso tiene una consecuencia directa: muchas compañías tecnológicas están perdiendo valor sin que el inversor medio sea plenamente consciente.
El análisis se centra en tres ideas clave: qué está pasando en el sector, quién está ganando y perdiendo, y cómo debería reaccionar un inversor ante este cambio de paradigma.
liderando el nuevo ciclo tecnológico.
Opinión de Aitor
Aquí es donde está el verdadero cambio. Y es mucho más profundo de lo que parece.
Durante años, invertir en software era casi una apuesta segura. Empresas con ingresos recurrentes, crecimiento constante y márgenes brutales. Era el equivalente financiero a tener siempre un riff ganador: repetible, fiable y rentable.
Pero la inteligencia artificial ha roto esa lógica.
Antes, crear software era caro, lento y complejo. Esa era la barrera de entrada que protegía a las grandes compañías. Ahora, con herramientas como ChatGPT, esa barrera prácticamente ha desaparecido.
Hoy cualquiera puede construir soluciones funcionales en cuestión de horas. No perfectas, pero sí suficientemente buenas como para competir.
Y aquí está el problema: cuando algo deja de ser escaso… deja de ser valioso.
Muchas empresas SaaS vivían de ofrecer soluciones cerradas a problemas concretos. Pero ahora el usuario puede crear su propia solución, adaptada exactamente a lo que necesita, por mucho menos dinero.
Eso no significa que estas empresas vayan a desaparecer. Pero sí significa que sus márgenes, su crecimiento y su ventaja competitiva están en riesgo.
Y el mercado no perdona eso.
Por eso estamos viendo caídas fuertes en muchas compañías que hace apenas dos años eran las favoritas del mercado. No porque lo estén haciendo mal… sino porque el entorno ha cambiado.
Mientras tanto, hay un desplazamiento claro del dinero hacia otro lado: infraestructura, chips, potencia de cálculo. Es decir, hacia quienes venden “las palas en la fiebre del oro”.
Contraargumentos y matices
Ahora bien, no todo es tan negro.
Muchas de estas empresas no están quietas. Están integrando IA, adaptando sus productos y buscando nuevas formas de aportar valor. Algunas lo conseguirán… y esas pueden convertirse en grandes oportunidades.
Además, no todo el mundo quiere crear su propio software. La comodidad, la marca y la integración siguen siendo factores importantes.
Por tanto, el sector no está muerto… pero sí en plena transformación.
Y eso implica volatilidad, incertidumbre y selección mucho más cuidadosa.
Conclusión
La inteligencia artificial no está destruyendo el software… está filtrando quién aporta valor real y quién no.
El problema para el inversor es que este proceso no es limpio ni rápido. Es caótico, volátil y muchas veces engañoso.
Ya no basta con comprar “el sector tecnológico” y esperar. Ahora hay que entender qué empresas tienen futuro en este nuevo paradigma… y cuáles se van a quedar atrás.
Porque en este nuevo mercado, no gana el que tiene el mejor software…
Gana el que sigue siendo imprescindible.
Puedes ver el vídeo completo en YouTube para entender mejor esta transición y tomar decisiones con más criterio.
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